Es lingüista, columnista de Diario16 y directora del Movimiento Homosexual de Lima, MHOL. Tiene una hija, está enamorada y es feliz. “Todo esto me lo ha dado el lesbianismo”, señala muy efusiva.
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| Verónica Ferrari. Foto. Andrea ZZevallos Fotografia. |
Jesús María, 5 de la tarde, calle Mariscal Miller 828. Una tranquila vía abarrotada de casas opacas y grises repentinamente toma vida. Las instalaciones del MHOL se hacen visibles con su rebeldía e insubordinación. Grafitis coloridos nos dan la bienvenida: Túpac Amaru con finos rasgos femeninos, un Ekeko con pestañas rizadas y labios pintados, un travesti semidesnudo, corazones y muchas flores de todos los colores. Pero no siempre fue así.
En el 2008 Verónica Ferrari gozaba de una vida “normal”. Tenía un esposo y una hermosa hija de 5 años. Llevaba una existencia heterosexual común y corriente como así lo dictaba la sociedad. Sin embargo, repentinamente, decidió acabar su relación para arriesgarse a “probar” lo desconocido: el lesbianismo. “Sabía que heterosexual no era, porque no me gustaban los chicos y me dije a mí misma que era hora de experimentar”, recuerda como si fuera ayer.
Hoy, 2012, a sus 33 años, es directora del MHOL y activista por los derechos de las lesbianas, gays, trans y bisexuales (LGTB). Trabajo no le falta. Amor tampoco. Recuerda que llegó al MHOL para encontrar chicas como ella, que tuvieran el mismo gusto, la misma rebeldía. Recuerda que a los 18 años fue la primera vez que visitó esta institución. Con la curiosidad y el miedo de esa edad, se topó con una casa como cualquier otra de la zona. No era colorida ni estrambótica como se lo imaginaba. Dio media vuelta y regresó a su vida normal, a la heterosexual. Recuerda.
Vero –como la conocen sus amigas– tiene el tiempo copado: charlas feministas, conversatorios antimachistas, talleres de derechos, y entrevistas es su vida diaria. Diaria también es su lucha contra la sociedad machista y misógina. Posición que la viene sosteniendo todos los lunes en su columna de Diario 16.
Cree que una de las grandes batallas que tiene que ganar toda lesbiana o gay es la de salir del clóset. Ella ya la ganó, pero sigue luchando. Como también ganó el rechazo de amigos y, quizás, familiares al divulgar su sexualidad. Su hija de 9 años, sabe de su lesbianismo. Han hablado mucho sobre el tema y entre las dos se preparan para cuando algún día, conociendo la sociedad homofóbica en la que vivimos, ella pueda ser acosada por eso.
-¿Cuánto tiempo tienes trabajando en el MHOL?
Trabajo en el MHOL desde el 2008. Fue en la época que decido escapar de la heterosexualidad. Una vez declarado mi lesbianismo comencé a conocer chicas, ir a las discos, pero llegó un momento en que me cansé, y me puse a reflexionar el por qué toda mi vida había suprimido esos deseos. Tengo una hija de 9 años, de alguna forma por ella realizo todas estas actividades para que otras niñas no pasen por lo mismo y no repriman sus deseos.






























